¿Cómo prevenir trastornos de la conducta alimentaria en niños y adolescentes?

¿Qué significa trastornos de la conducta alimentaria?

Los trastornos de la conducta alimentaria son alteraciones que se producen en la alimentación, generalmente asociados con el control del peso. Se derivan de una serie de factores físicos, psicológicos y sociales y su mayor incidencia ocurre en adolescentes de sexo femenino.

Estudios recientes en torno a esta enfermedad arrojan preocupantes cifras que alertan a los especialistas, pues demuestran que el último año ha marcado un importante aumento de casos, los cuales están asociados con cuadros de ansiedad, estrés y presión social.

Como toda enfermedad, los trastornos en la conducta alimentaria pueden no solo ser tratados, sino también prevenidos. Es deber de padres y pedagogos contribuir a la educación de niños y adolescentes, promoviendo la dieta sana y trabajando en la autoestima desde edades tempranas.

Trastornos de la conducta alimentaria: Consejos para prevenirlos

Practicando algunas de las siguientes recomendaciones, o mejor, aplicándolas todas en la praxis cotidiana, se puede ayudar a la creación de un entorno saludable y más seguro para los niños y jóvenes.

1)Educa sobre la base de una dieta saludable

Sin incidir en posturas y/o hábitos extremistas, los cuales lejos de ayudar suelen tener resultados negativos, intenta fomentar el seguimiento de una dieta saludable en el hogar. Para empezar, predica con el ejemplo: cambia golosinas por comida saludable en casa y educa sobre la base del conocimiento científico para promover buenas conductas alimentarias desde la niñez.

2)Promueve la práctica de actividad física

El actual estilo de vida tiende al sedentarismo. Cada vez existen más y mejores formas de aprender, diversión, trabajo, compras y practica de casi cualquier actividad diaria desde la pantalla de los dispositivos móviles, ordenadores, etc. Desde luego, son señales de progreso y no representan un peligro por sí mismas, pero es imprescindible la combinación de esas actividades con ejercicio físico moderado, mejor aún si involucran la socialización y la práctica colectiva.

3) Ayuda a la construcción de una correcta autoestima

Implica educar a niños y adolescentes sobre la base del respeto, la comunicación efectiva y el conocimiento, enfatizando en los rasgos que hacen a cada individuo un ser único. Motivar a la realización de aquellas tareas en las que muestren una mayor motivación y ayuda a desarrollar sus talentos y habilidades propias. Enseñar a tener una imagen sólida de sí mismos que trascienda la apariencia física o los factores de presión social. Cuidar el contenido audiovisual que consumen y evitar toda crítica que no sea constructiva. Estimular sus mejores cualidades.

4) No hagas énfasis en el peso y/o la figura

Aunque medie la mejor de las intenciones, poner demasiada atención a la apariencia física de niños y adolescentes termina siendo, por lo general, contraproducente. Si es necesario un cambio físico, por cuestiones de salud, intenta que dicho cambio ocurra en su consciencia para luego reflejarse en su cuerpo, y no viceversa.

5) Menos dieta y más comida saludable

Muchas de las llamadas “dietas” (la mayoría) suelen exigir un cambio bastante agresivo en la conducta alimentaria de los individuos. A veces, pueden convertirse en el inicio de un trastorno de la alimentación e incluso de un problema de salud. La mejor forma de evitar que adolescentes y niños inicien dietas peligrosamente diseñadas y muchas veces carentes de un estudio médico adecuado, es brindarles comida saludable, preparando un menú balanceado para el consumo en el hogar.

6) Prepara la mesa para comer en familia

Hay un simbólico, familiar y social en el acto de comer. El momento de ingerir alimentos significa, entre otras cosas, la celebración del fruto del propio esfuerzo, el deleite de las bonanzas de la naturaleza con nuestra especie, el agradecimiento por la tenencia de un hogar, la exaltación del trabajo colectivo, etc. La mesa es un lugar diseñado para compartir amor, placer y bienestar. Evita llevar problemas y conflictos cotidianos a ella y, sobre todo, no la anules en la práctica de las actividades de cada día.

7) Busca ayuda profesional ante cualquier señal de alerta

Si existe alguna evidencia de que los hijos no están siguiendo una dieta saludable, se preocupan en demasía por su apariencia física y/o su peso, o se observa alguna alteración acelerada en su índice de masa corporal, no se debe descuidar y, sobre todo, no intentar resolver el problema con la propia experiencia. Antes, se debe buscar ayuda profesional que esté preparada para tratar diferentes trastornos o enfermedades en niños y adolescentes.

8) Presta atención al uso que hacen tus hijos de Internet

Ya sea por curiosidad, por imitar comportamientos ajenos o por simple desconocimiento; los niños y adolescentes pueden encontrar información en Internet que perjudica notablemente su salud física y emocional. Sin incurrir en acciones que puedan significar una violación de su privacidad (cosa que tampoco ayuda, para nada, a su correcto desarrollo), es conveniente intentar informarse acerca de los espacios virtuales que frecuentan. Lo ideal es usar como base una buena comunicación y percibir los signos de alerta en cualquier evento cotidiano.

El mejor tratamiento para cualquier enfermedad, siempre, será la prevención. Es conveniente mantener una relación estrecha, honesta, comprensiva y sólida con los hijos. El compromiso de llevar al hogar comida saludable, a estimular prácticas que ayuden al desarrollo físico y psicológico de los más jóvenes y ayudarlos a crear una personalidad sólida y una imagen certera de sí mismos.

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